Que una isla al borde del ártico se dedique a plantar tomates o incluso plátanos no es algo que uno se espere, pero hablamos de Islandia y a veces creo que aquí puede pasar cualquier cosa.

Vayamos por partes. Mi novia venía a verme desde España el pasado Marzo y esto requería una visita de urgencia al peluquero para quitarse el look vikingo invernal. Mientras decidía sobre posibles actividades para hacer en pareja, mi peluquero islandés no dudó en recomendarme que fuera a ver un invernadero. Teniendo en el sur de España una considerable cantidad de ellos, no acababa yo de ver el “enfoque romántico” al plan, pero la verdad es que esto resultaba como poco intrigante como escapada de fin de semana.

Google Maps 2015
(Fuente: Google Maps 2015)

Si hay algo que hacen los islandeses particularmente bien es convertir algo que en cualquier otro sitio sería anodino y vulgar en una experiencia inolvidable. Este es el ejemplo de Friðheimar, una granja en Reykholt al sur de la isla con varios invernaderos y un criadero de caballos. Aparte de las visitas en grupo para ver cómo crecen tomates gracias al uso de la energía geotérmica y las exhibiciones de caballos lo que más me llamó la atención es el restaurante que tienen habilitado en uno de los invernaderos. Todo (salvo el pan) tiene tomate de alguna forma o manera. Todo está preparado en la granja con ingredientes frescos y por un módico precio uno puede degustar la exquisita sopa de tomate junto con pan recién horneado y una “salsa” de pepino para chuparse los dedos.

Cosas que pasan en Islandia - ¿Tomates?

Una advertencia si cabe, es que la popularidad del sitio ha hecho que se convierta en parada obligada para muchos tours y especialmente en verano conviene llamar y reservar con antelación. (Tel: +354 897-1915 o por email: fridheimar@fridheimar.is)

Casi con total seguridad, si vienes de visita por Islandia, acabes haciendo el tour del Círculo Dorado en alguna de sus variantes (por ejemplo en busa caballoECO visitas, etc), ya que es una de las rutas imprescindibles. Si vais por vuestra cuenta, haced una parada (Google Maps), aunque solo sea para degustar su cocina cambiante e inusual en la encantadora e inesperadamente romántica granja de Friðheimar a una hora de la capital. 

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